sábado, 18 de abril de 2009


[Introducir aquí título de la entrada del blog]





"más allá de Babel"
PARTE 1


"COMO DEL CIELO A LA TIERRA"
Sobre Ashatel.


Nunca imaginé que otros seres inteligentes poblaran el cielo. Hoy en día aún lo dudo, a pesar de que llegué a conocer a uno, o quizás solo fuera algo parecido. Me dijo que procedía de un mundo lejano, fuera de este planeta y al mismo tiempo ajeno a cualquier otro.

Un día, al regresar del trabajo, le encontré sentado en mi sillón favorito. Asustado, amenacé con agredirle, pero él, muy sereno, se presentó como Ashatel y comenzó a hablarme con una voz tan embriagadora que permanecí allí, sentado a su lado, varios días embobado.

Era un ser hermoso y abstracto, no podría definir ni uno solo de sus rasgos. La serenidad, profunda como un abismo, de sus inmensos ojos incoloros, atraía como un agujero negro.

No tenía mucha intención, Ashatel, de relatarme una historia única y comprensible. Mezclaba las líneas argumentales, en un continuo flash back, donde narraba en primera persona las experiencias, sentimientos y reflexiones de varios personajes, incluido él mismo. Creo que incluso también me agregaba a mi.

No fue hasta después de transcurridas varias horas cuando me contó algo sobre él, lo primero.

Ashatel era un ser eterno y volátil, uno más hasta entonces, de una colonia de seres que como él, vivían ensimismados en un continuo acto de contemplación del universo. Existían en un espacio indeterminado al que llamaremos cielo pero que para "ellos" carecía de nombre, como todo aquello que parecía concernirles directamente. Coexistían por inercia y su interrelación era mínima. Dedicaba Ashatel la mayor parte de su existencia a la pura observación, sin consideraciones de ningún tipo con respecto al objeto observado.

Fue a partir de sus primeras transformaciones cuando en su consciencia nacieron importantes inquietudes. Inquietudes que le convirtieron en objeto de su propia observación. Y sintió que, aunque en algún tiempo indefinido, todo lo referente a él y los suyos le resultara obvio, en aquel momento todo esto le resultaba confuso y no podía responder a ninguna de las preguntas que se le presentaban por primera vez. ¿De donde venimos?, ¿ Quiénes somos?, ¿A donde vamos?,

Le Resultaba evidente el mecanismo de los agujeros negros, la astronomía cuántica o la temporización del universo, temas a los que había dedicado los últimos años, quizás siglos. Pero no recordaba ni un solo detalle de su propio "Ser- estar".


¿ Comenzaría su existencia con el principio de la expansión del Universo?, ¿ Existió un primer instante de expansión?, ¿ Existió él en aquel primer momento?, ¿O quizás en algún otro momento concreto, perdido en la delimitada dimensión del tiempo?.


Las transformaciones que tanto le trastornaban ahora, consistían principalmente en la aparición de vello aparentemente humano sobre todo su cuerpo, hasta entonces de aspecto tan angelical, digámoslo así, casi translúcido.


Sintió por primera vez, al menos que él pudiera recordar, deseos de contrastar sus dudas y reflexiones con otro ser - alado, pero los cambios en su organismo le retraían pudorosamente de cualquier intento de contacto.


El resto de los alados, sin embargo, acostumbrados a no sentir la menor curiosidad ni por ellos mismos, ni por ninguno de los demás componentes de la colonia, no detuvieron ni un momento su atención sobre Ashatel, que avergonzado, se esforzaba en eludir la cercanía de sus compañeros.


Ashatel, se sintió aún más preocupado, cuando percibió
que el halo luminoso que envolvía a todos los seres - alados en la oscuridad espacial del "Cielo", comenzaba a debilitársele, al tiempo que nuevos cambios se materializaban en su cuerpo, cada vez menos traslúcido, menos luminoso.



En una determinada coordenada de tiempo. (Me resulta muy difícil determinar el tempo fuera de conceptos como día noche, pronto tarde, joven viejo, en 1.995, en el 2.386 A. C. etc...), se proyectó fuera de sí. Elevado, miró hacía abajo y se vio. El cuerpo que le envolvía habitualmente se encontraba postrado. Descubrió en él un aspecto que le resultaba desconcertante, incluso en el estado más elevado de su consciencia, que era, como ahora, en los momentos en que se proyectaba fuera de sí. Para mí, es fácil definir aquella imagen, por que resultaba una visión de una figura prácticamente humana, ya lejana a la eteriedad de los alados.

Pero se sintió tan impresionado, que huyó de sí mismo y se fue a recorrer varias galaxias, a la velocidad de un ángel presa del pánico.


Debió considerarlo como el principio del fin. Fin, que
como ser aparentemente eterno, nunca se había planteado.


Lo qué por su mente pasó en aquellas décimas de eternidad, es algo que siempre a rehuido comentarme, pero que indudablemente le acercó a su actual naturaleza, sembrada temores y fantasmas parecidos a los de cualquier humano.


"La irreciprocidad de la relación en la no relación; la pareja de los cuerpos representa la tensión a una y otra parte del espacio. La independencia de las dos personas representadas aquí, hace sentir la incomunicabilidad que sostiene la relación ser humano, y que sostiene la relación del ser con el Universo”.


Esas fueron las únicas palabras que añadió a lo ya relatado.

He comenzado con Ashatel, por que aunque a partir de ahora su presencia en la historia sea puramente testimonial. A él le debo todos los detalles que paso a relatar.




LLegó a la tierra, a mi ciudad, un martes de Junio de 1.985 (Es un placer volver a situar las acciones en un plano temporal). Una ligera humedad ambiental, en forma de brisa, refrescaba los rostros acalorados de los individuos que deambulaban por las calles.


Ashatel comprendió enseguida que su presencia no era percibida por el resto de los viandantes. Le resultó chocante al principio, que su "humanización" no fuera percibida por los propios humanos. Pero su naturaleza alada, tras el primer desencanto, le arrojó al vértigo de la observación.

Visible casi como un humano para los seres alados, invisible para los humanos.


Podríamos decir, que se mezcló entre la gente, que ajena a él, se movía, sentía y pensaba, como si nadie hubiera llegado a este mundo desde el cielo.

La correlación de instantes, suspendida entre muros de materia, desplegando la imposible figura de lo impensable. El cuerpo como el acto del desplome, la barra del pensamiento, sometida al peso del tiempo. Cuan importante le pareció el aparentemente irrelevante, para él, peso del tiempo sobre los efímeros cuerpos de los humanos. Sometidos además a la dictadura del peso de la materia, y al mismo tiempo, a la de la aparente levedad del peso de lo inmaterial.


Lo que sé juega en la vivacidad de las imágenes que van y vienen sobre el uniplano de la observación directa, es justamente la supresión del alejamiento, entre dos seres, entre dos muros de materia, entre el ser y su imagen, entre la imagen y el nombre, entre el nombre y el signo lingüístico que lo representa.


Cara a cara, inmóvil ante lo incomunicable, lo que no se une, a pesar de su relación incesante. El ser se enfrenta al lenguaje, y allí se detiene, recogiendo los despojos incompletos de una amasijo de signos lingüísticos, que pretenden alcanzar la levedad traslúcida, interponiéndose ante lo intangible. La grandeza de lo simple, entraña el insondable misterio de lo obvio. El lenguaje es un virus, ajeno, creador de consciencia elemental pero enemigo de la esencia pura e irrecuperable.

Ashatel se sintió desconcertado ante la complejidad lingüística del pensamiento humano al que tenía acceso mediante la observación de lo obvio. Acostumbrado a la sencillez trascendental del flujo de pensamiento de los alados, aquellos abruptos torrentes de pensamiento humano se aparecían insondables. Flujos entrecortados, plagados de confusos signos, asociados en contradictorias cadenas, de interpretación unipersonal, en gran parte desconocidos para los propios seres, para nosotros mismos.


Pensaba Ashatel esto, y lo achacaba al peso del tiempo, cualquier pensamiento en el Cielo podría prolongarse hacia la eternidad, sin prisas, ordenadamente sencillo, sin pasadizos rápidos, susceptibles de ceder ante la presión de lo irreal.

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