"más allá de Babel"
PREPARATIVOS
Me hubiera gustado que arrancara esta historia de un marco Tecnicolor. De un campo de amapolas, o quizás tulipanes.
Iniciarla sobre rotundos colores, sobre verde vivo e inexistente, contrastando con un cielo de azul profunda intensidad.
Pero empieza con palabras disciplinadas y frías, casi cristalizadas. Sin imágenes corpóreas. Sólo signos suspendidos en un plano, si bien sinuoso, totalmente ajeno a la configuración geográfica de un cuerpo, en el que varios tiempos sedimentan, en el que varias pequeñas almas contemplativas resplandecen tras los párpados de carne.
El camino que se me ofrece es totalmente rectilíneo y
dudo de mi capacidad para plasmar en ese plano la abstracción a la que me conduce mi logofobia. Leo a Maurice Blanchot "[..f..] sin lenguaje, nada puede mostrarse. Y callar aún es hablar. El silencio interior es imposible. Por eso lo deseamos. Escribir (o decir, o pensar) precede todo fenómeno, toda manifestación o mostración: toda apariencia.[..]", y no lo entiendo. ¿Es el mismo lenguaje el del pensamiento que el de la escritura?. Martin Heidegger me asevera: "El lenguaje es la casa del Ser. En su refugio habita el hombre."
Mi historia es trilateral, o quizás multilateral. Yo, observador en un edificio inexistente, me encuentro con un fenómeno perturbador. Varios individuos comparten una secuencia inverosímil. Posteriormente he ido recopilando detalles de aquellos días. Algunos me han permitido hilvanar la presente historia.
Temiendo las posibles dificultades que puede plantear el desarrollo de una historia multilineal. Intentaré en principio definir algunos puntos, planos y personajes.
EL OBSERVADOR (el nombre ya indica la función de mirada
tendida por encima de la separación irreversible entre "yo" y "él") Me retiro de la esfera, sin embargo subjetiva, de lo que sigue siendo impersonal, de ese texto que reproduce el espejismo anónimo de la imagen. Una serpiente se desliza por el camino y una voz que se desdobla me indica la conexión dinámica que une, a distancia, aquí y allá. Creando un espejismo anónimo de la imagen. Un espasmo cósmico que contrae el efecto de mis impresiones en un mundo dilatado y desconocido.
Y desde la percepción subjetiva a la creación.
LOS PERSONAJES (Generalidades)
Son distintos, pero su historia insoluble es el rasgo de un conocimiento sensible, de una intimidad de carne en la que su alma se aloja. La luz espectral de sus contactos crepita en la penumbra. Es el reino deslumbrante de los ángeles que se hacen el amor. La trama de una escritura que busca hambrienta los rastros efímeros y desvanecientes de unas imágenes perdidas en el tiempo, cargadas de formas y colores, de volúmenes y colores, que ni el diluvio de tinta negra conseguirá abarcar jamás .
EL EDIFICIO.
El edificio representa a la ciudad interior. El amasijo
de pasillos, escaleras, ventanas, tuberías, desagües, tragaluces....
Laberinto de arcanos. Interconexiones propias y extrañas. Habitáculos propios y ajenos compartiendo un espacio interior a la vez que extraño. Cúmulo de sonidos interpersonales. Espacio lleno, espacio vacío. Tiempo donde encerramos la palabra. Estanterías repletas de libros. Miles de conexiones con las redes de energía y comunicación. Cientos de aparatos de T.V. Seres empequeñecidos a partir de una visión global, que forman una misma espina dorsal.
CIELO.
Allá arriba.
SUELO.
Podría ser el planeta tierra. La madre de la carne, la carne del sepulcro. Espacio que excavamos para introducir nuestra semilla, nuestras heces, nuestros restos y nuestras esperanzas.
En su seno están las respuestas a nuestras preguntas. Pero lo obviamos. Todo nuestro pasado quedó atrapado. Todo lo perdido quedó sedimentado en su interior. Lo que perdimos en el edificio, acabará abandonado, irremisiblemente, bajo el suelo. No somos más que unos hijos emancipados temporalmente de él.
RECICLAJE.
Función creadora a partir de desechos propios o ajenos.
Todo lo aquí contenido recoge ese espíritu.
Pero empieza con palabras disciplinadas y frías, casi cristalizadas. Sin imágenes corpóreas. Sólo signos suspendidos en un plano, si bien sinuoso, totalmente ajeno a la configuración geográfica de un cuerpo, en el que varios tiempos sedimentan, en el que varias pequeñas almas contemplativas resplandecen tras los párpados de carne.
El camino que se me ofrece es totalmente rectilíneo y
dudo de mi capacidad para plasmar en ese plano la abstracción a la que me conduce mi logofobia. Leo a Maurice Blanchot "[..f..] sin lenguaje, nada puede mostrarse. Y callar aún es hablar. El silencio interior es imposible. Por eso lo deseamos. Escribir (o decir, o pensar) precede todo fenómeno, toda manifestación o mostración: toda apariencia.[..]", y no lo entiendo. ¿Es el mismo lenguaje el del pensamiento que el de la escritura?. Martin Heidegger me asevera: "El lenguaje es la casa del Ser. En su refugio habita el hombre."
Mi historia es trilateral, o quizás multilateral. Yo, observador en un edificio inexistente, me encuentro con un fenómeno perturbador. Varios individuos comparten una secuencia inverosímil. Posteriormente he ido recopilando detalles de aquellos días. Algunos me han permitido hilvanar la presente historia.
Temiendo las posibles dificultades que puede plantear el desarrollo de una historia multilineal. Intentaré en principio definir algunos puntos, planos y personajes.
EL OBSERVADOR (el nombre ya indica la función de mirada
tendida por encima de la separación irreversible entre "yo" y "él") Me retiro de la esfera, sin embargo subjetiva, de lo que sigue siendo impersonal, de ese texto que reproduce el espejismo anónimo de la imagen. Una serpiente se desliza por el camino y una voz que se desdobla me indica la conexión dinámica que une, a distancia, aquí y allá. Creando un espejismo anónimo de la imagen. Un espasmo cósmico que contrae el efecto de mis impresiones en un mundo dilatado y desconocido.
Y desde la percepción subjetiva a la creación.
LOS PERSONAJES (Generalidades)
Son distintos, pero su historia insoluble es el rasgo de un conocimiento sensible, de una intimidad de carne en la que su alma se aloja. La luz espectral de sus contactos crepita en la penumbra. Es el reino deslumbrante de los ángeles que se hacen el amor. La trama de una escritura que busca hambrienta los rastros efímeros y desvanecientes de unas imágenes perdidas en el tiempo, cargadas de formas y colores, de volúmenes y colores, que ni el diluvio de tinta negra conseguirá abarcar jamás .
EL EDIFICIO.
El edificio representa a la ciudad interior. El amasijo
de pasillos, escaleras, ventanas, tuberías, desagües, tragaluces....
Laberinto de arcanos. Interconexiones propias y extrañas. Habitáculos propios y ajenos compartiendo un espacio interior a la vez que extraño. Cúmulo de sonidos interpersonales. Espacio lleno, espacio vacío. Tiempo donde encerramos la palabra. Estanterías repletas de libros. Miles de conexiones con las redes de energía y comunicación. Cientos de aparatos de T.V. Seres empequeñecidos a partir de una visión global, que forman una misma espina dorsal.
CIELO.
Allá arriba.
SUELO.
Podría ser el planeta tierra. La madre de la carne, la carne del sepulcro. Espacio que excavamos para introducir nuestra semilla, nuestras heces, nuestros restos y nuestras esperanzas.
En su seno están las respuestas a nuestras preguntas. Pero lo obviamos. Todo nuestro pasado quedó atrapado. Todo lo perdido quedó sedimentado en su interior. Lo que perdimos en el edificio, acabará abandonado, irremisiblemente, bajo el suelo. No somos más que unos hijos emancipados temporalmente de él.
RECICLAJE.
Función creadora a partir de desechos propios o ajenos.
Todo lo aquí contenido recoge ese espíritu.